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El gran apagón

España, fundida a negro

La radio jugó un papel fundamental durante las horas que España se quedó a oscuras el pasado 28 de abril. Así pudo RTVE garantizar su conectividad, dar información y cumplir con su objetivo de servicio público.

Hay días que son tan históricos que todo el mundo recuerda qué hacía en el momento en que sucedió ese acontecimiento. Muy probablemente, el 28 de abril de 2025 quedará grabado en la memoria colectiva de todos los que estaban por la Península Ibérica, dado que ese día la electricidad dejó de fluir, y con ella, la conexión del mundo moderno desde su base más fundamental.

El gran apagón, que sumió en la oscuridad no solo a millones de personas, sino también a las infraestructuras y sistemas tecnológicos que sustentan nuestra sociedad digital, no tuvo graves consecuencias (afortunadamente) pero sí dejó escenas que nunca habíamos visto y puso sobre la mesa la importancia y relevancia de un suministro que damos por sentado pero sin el que (a la vista está) no podríamos vivir. Sin electricidad, los teléfonos móviles, las redes de comunicación y los servicios esenciales se detuvieron. Y con ellos, muchas de nuestras rutinas y operativas.

La imposibilidad de trabajar, la desconexión con familiares y seres queridos, la falta total de información y la angustia de no saber cuándo o cómo volvería la normalidad fueron sensaciones compartidas. Esta situación excepcional puso a prueba la capacidad de respuesta de los medios de comunicación y, especialmente la radio, fue la que consiguió atrapar a la audiencia, cumpliendo así su rol de servicio esencial. En un momento en el que los dispositivos digitales fallaban, la radio se convirtió en el medio vital para acceder a información precisa y necesaria, cumpliendo con una función social crítica que iba más allá de la simple transmisión de noticias.

Víctor Sánchez, Chief of Operations RTVE, cuenta cómo vivió ese día desde el corazón de la institución pública. La interrupción progresiva de los sistemas eléctricos fue el primer indicio de que se estaba produciendo una crisis nunca vista, sobre todo cuando los compañeros de la televisión confirmaban que ellos también estaban sin luz.

“Primero creamos un gabinete de crisis porque, en un primer momento, los teléfonos y la comunicación funcionaron durante una o dos horas. Después, cuando cayeron los generadores o las torres de telecomunicaciones se fueron apagando, las comunicaciones móviles dejaron de funcionar y todo se complicó más”, rememora.

La transición hacia una programación unificada y simplificada, concentrando la información en un único canal de televisión y radio, se convirtió en una estrategia para maximizar el alcance y la eficiencia del mensaje.

Esta respuesta organizada dentro de RTVE fue posible gracias a infraestructuras robustas y preparadas para emergencias. Fibra óptica directa entre sedes estratégicas, así como sistemas de alimentación ininterrumpida y generadores externos, permitieron mantener la señal a salvo incluso cuando el resto del país estaba inmersos en la oscuridad. “Fue un día duro para nosotros, aunque con buenas noticias en cuanto al comportamiento de nuestras redes. Fue un día muy ocupado”, detalla Alfonso Álvarez, CEO de Cellnex España.

Los sistemas dedicados a radiodifusión y comunicaciones de emergencia resistieron con eficacia gracias a inversiones previas en baterías, generadores y contratos para asegurar el suministro de combustible en situaciones críticas. Esta preparación permitió que, pese al colapso general, los servicios fundamentales de radio, televisión y las redes de los servicios de emergencia siguieran operativos, salvando así un pilar básico para la seguridad y la cohesión social. Las reuniones frecuentes y el seguimiento riguroso de la evolución del apagón demostraron la prioridad absoluta que se le otorgó a la gestión de la crisis, la información precisa y el mantenimiento de la operatividad.

Lecciones para el futuro

Este acontecimiento, más allá del innegable impacto negativo, dejó lecciones valiosas para el futuro. Una, Según palabras de Álvarez, es que “tenemos que reinvertir. Necesitamos redes más resilientes, más robustas. Pero creo que la población también debería saber cómo comportarse en una situación así, para asegurarse de que tendrán servicio durante más tiempo”. Otra, para Sánchez, es que “la televisión y las noticias para la ciudadanía son muy importantes. El sector de la radiodifusión está bien preparado para incidentes”.

La interdependencia entre la red eléctrica y las redes de comunicación quedó manifiesta en su máxima expresión: sin energía, muchos aspectos de nuestra vida, al ser digitales, se detienen. La experiencia evidenció también la necesidad de reforzar las autonomías energéticas en infraestructuras críticas, con propuestas de aumentar la capacidad para al menos ocho horas de funcionamiento adicional en lugares clave. A nivel operativo, la creación de gabinetes de crisis y el intercambio constante de información transparente entre todos los actores involucrados fueron clave para sostener la coordinación y la toma de decisiones en un entorno tan adverso.

Más allá del ámbito técnico y organizativo, el apagón también nos mostró la importancia de preparar a la población para situaciones similares. Desde el consejo europeo que recomienda tener un kit de supervivencia para 72 horas, con objetos tan simples pero esenciales como agua, comida, combustible, dinero en efectivo, medicinas y un radio transistor para mantener el acceso a la información en emergencias, se reforzó la idea de que la resiliencia no puede ser solo técnica sino también social. En ese sentido, la radio, uno de los dispositivos de comunicación más emblemáticos del siglo XX, volvió a aparecer como el nexo de unión con la realidad en una crisis en la que la modernidad hizo una pausa obligada.

Cabe señalar, además, que este apagón no es un episodio aislado ni remoto. En las últimas décadas, el mundo ha vivido eventos similares de gran magnitud: en India en 2012, donde 620 millones quedaron a oscuras; en Brasil en 1999 con casi 100 millones afectados; y en Estados Unidos y Canadá en 2003, con 55 millones de personas sin electricidad. Estos sucesos suponen una oportunidad para seguir invirtiendo en infraestructuras más robustas y preparadas para un futuro digital.

¿Qué pasó en…?

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