En las últimas décadas, la digitalización ha dejado de ser solo un proceso de expansión de Internet. Las redes sociales y las plataformas de mensajería instantánea han modificado nuestra manera de comunicarnos, de representar una identidad y de percibir el tiempo y el espacio.
Pero no solo hablamos de las interacciones humanas. La transformación digital implica la integración de sistemas que hasta hace no mucho eran 100% analógicos y que ahora suponen una alternativa cómoda y ágil. Así, la administración pública opera ya con bases de datos interconectadas, la educación ha adoptado plataformas digitales para completar o sustituir las aulas físicas y la banca se ha desplazado casi completamente a aplicaciones móviles. Esta tendencia también existe en el sector de los seguros, donde cada vez es más común elegir procesos totalmente autónomos para gestionar las pólizas.